Saltar a contenido

La Historia del Natto

El alimento que los samuráis descubrieron por accidente — y que podría mantener tus arterias jóvenes durante décadas

Existe un alimento con casi mil años de historia que en Japón se desayuna con arroz blanco cada mañana, que huele tan fuerte que muchos extranjeros lo rechazan al primer olfato, y que contiene una enzima capaz de disolver coágulos sanguíneos con una potencia que los investigadores describieron, sin exageración, como “incomparable a cualquier otra sustancia natural probada.”

No lo sintetizó ningún laboratorio farmacéutico. Lo descubrió, por accidente, un guerrero samurái en el siglo XI.

El guerrero, los caballos y el alimento que nadie planeó inventar

Año 1083. El general japonés Minamoto no Yoshiie se encontraba en campaña militar rumbo a las provincias del norte, cerca de lo que hoy es Mito, en la prefectura de Ibaraki. Sus tropas habían preparado soja hervida como alimento para los caballos. Cuando llegó el aviso de un ataque enemigo, la evacuación fue tan precipitada que metieron la soja caliente, sin enfriar, directamente en sacos de paja de arroz y los ataron a los lomos de los caballos. El calor corporal del animal, combinado con la humedad y con una bacteria que vive naturalmente en la paja de arroz — Bacillus subtilis — hicieron el resto.

Dos días después, al abrir los sacos, los soldados encontraron que la soja había fermentado: estaba cubierta de unos hilos blancos pegajosos, olía con fuerza y tenía una textura completamente distinta. La comieron de todas formas — probablemente porque el hambre es el mejor condimento — y les gustó. El general probó el manjar y lo bautizó natto, que en japonés antiguo significa literalmente “granos destinados al señor”.

La historia puede sonar a leyenda, y en parte lo es. Pero lo que no es leyenda es que la ciudad de Mito lleva produciendo natto de forma ininterrumpida desde el siglo XI, y que en 1889, cuando abrió la estación de ferrocarril de Mito, los fabricantes de natto empezaron a venderlo como souvenir en el andén. Desde entonces, el mundo exterior comenzó a interesarse.

Lo que nadie imaginaba entonces es que dentro de esos frijoles fermentados y malolientes había escondida una de las moléculas más prometedoras de la cardiología preventiva contemporánea.

El científico, los 173 alimentos y el coágulo que desapareció

Adelantamos al año 1980. El Dr. Hiroyuki Sumi trabaja en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chicago buscando lo que ningún laboratorio había conseguido hasta entonces: un agente trombolítico que pudiera tomarse por vía oral, fuera seguro, y disolviera coágulos sanguíneos desde dentro.

Lleva meses probando alimentos uno a uno — 173 en total — colocando pequeñas muestras sobre coágulos artificiales de fibrina en placas de Petri y midiendo si algo sucede. La mayoría no hace nada. Algunos aceleran el proceso marginalmente. Luego llega el turno del natto.

En cuestión de horas, el coágulo había desaparecido por completo. En 18 horas, sin rastro.

Sumi repitió el experimento. El resultado fue idéntico. Había encontrado lo que buscaba. En 1987 publicó el hallazgo en la revista Experientia, bautizando a la enzima responsable como natoquinasa (nattokinase, NK). En su artículo escribió que la enzima mostraba “una potencia que ninguna otra enzima natural probada podía igualar.”

La natoquinasa es una serín proteasa de 275 aminoácidos y 27,7 kiloDalton de peso molecular. Es producida y secretada al exterior por Bacillus subtilis durante la fermentación. A diferencia de la mayoría de enzimas terapéuticas — que quedan atrapadas dentro de las células bacterianas y son difíciles de extraer — la natoquinasa se acumula directamente en el alimento fermentado, lo que la hace excepcionalmente accesible. Una porción estándar de 50 gramos de natto contiene aproximadamente 500 mg de natoquinasa, equivalente a entre 1.500 y 2.000 Unidades Fibrinolíticas (FU, la medida estandarizada de actividad).

Cómo funciona: la analogía de las tijeras, el equipo de limpieza y el interruptor

Para entender por qué la natoquinasa despierta tanto interés científico, conviene entender primero cómo se forma un trombo — ese coágulo interno que puede causar un infarto o un ictus.

Cuando hay un daño vascular, el cuerpo activa un mecanismo de emergencia brillante: las plaquetas se agrupan en el sitio dañado y la proteína fibrina teje una red tridimensional que atrapa glóbulos rojos, solidificando el tapón. Es exactamente como echar cemento rápido sobre una grieta. Funciona bien para heridas. El problema es cuando ese proceso se activa en el lugar equivocado — dentro de una arteria coronaria o cerebral — o cuando los coágulos no se disuelven con suficiente rapidez.

El cuerpo tiene su propio disolvente: la plasmina, que degrada la fibrina. Pero la plasmina solo existe en forma activa durante segundos, y su precursora inactiva (el plasminógeno) necesita una señal — el tPA, activador del plasminógeno tisular — para convertirse. Todo este sistema puede saturarse o inhibirse, especialmente con el envejecimiento.

La natoquinasa actúa por tres vías simultáneas, que es precisamente lo que la hace excepcional:

Primera: Actúa directamente como unas tijeras moleculares sobre la fibrina, cortando los enlaces peptídicos en los residuos de lisina y arginina que mantienen unida la red del coágulo. No necesita ninguna señal previa. Simplemente corta.

Segunda: Activa el plasminógeno del huésped, amplificando el sistema de limpieza propio del organismo. Es como si contratara refuerzos del ejército local.

Tercera, y quizás la más sofisticada: Inactiva el PAI-1 (inhibidor del activador del plasminógeno tipo 1), la molécula que frena el sistema fibrinolítico natural. Con los niveles altos de PAI-1 que se observan en personas con factores de riesgo cardiovascular, desactivar este inhibidor supone levantar el freno de mano que impedía al cuerpo limpiar sus propias tuberías.

El resultado combinado es que la natoquinasa no solo disuelve coágulos existentes — también previene activamente la formación de nuevos, reduciendo los niveles circulantes de fibrinógeno, factor VII y factor VIII (precursores de la cascada de coagulación).

De la placa de Petri a los ensayos clínicos

La pregunta clave para cualquier molécula prometedora no es si funciona en un tubo de ensayo, sino si funciona en personas — y aquí los datos son tanto sólidos como honestos sobre sus límites.

En modelos animales: En ratas, la natoquinasa recuperó el 62% del flujo sanguíneo en arterias con trombos inducidos experimentalmente, frente al 15,8% del grupo control. En perros con coágulos artificiales, una dosis oral de 1.000 mg de natoquinasa produjo reperfusión completa en menos de cinco horas; el grupo placebo no mostró lisis alguna.

El primer ensayo humano (1990): Sumi administró natto a 12 voluntarios sanos. En todos ellos, la actividad fibrinolítica plasmática aumentó significativamente. Fue el primer dato de que la enzima sobrevivía la digestión y llegaba intacta al torrente sanguíneo — algo que entonces no era obvio, y que un estudio de 2015 publicado en Scientific Reports confirmó definitivamente mediante técnicas modernas.

El estudio de las placas (2022): Un ensayo clínico con 1.062 participantes en China (edad media: 67,5 años; rango: 63–85) evaluó el efecto de la natoquinasa sobre placas de aterosclerosis carotídea. El grupo que recibió 10.800 FU/día durante 26 semanas redujo el tamaño de las placas un 36,6% — un resultado que superó al grupo tratado con simvastatina (el medicamento estándar de referencia) en un 14,8%. Importante matiz: el grupo que recibió solo 3.600 FU/día no obtuvo resultados significativos, lo que sugiere que la dosis importa mucho más de lo que se suele reconocer.

El metaanálisis de 2023 (Reviews in Cardiovascular Medicine, Universidad de Medicina China de Henan): Analizando seis ensayos controlados y aleatorizados con 546 participantes, confirmó que la natoquinasa reduce la presión arterial sistólica en una media de 3,45 mmHg y la diastólica en 2,32 mmHg — efecto modesto pero estadísticamente robusto. Actúa como inhibidor de la ECA (enzima convertidora de angiotensina), el mismo mecanismo de algunos fármacos antihipertensivos clásicos, pero sin los efectos secundarios de tos seca que caracterizan a ese grupo farmacológico.

El estudio sobre ictus (2023), del Journal of Agricultural and Food Chemistry, mostró en modelos animales que la natoquinasa no solo disuelve coágulos cerebrales — también promueve la neurogénesis postictus al aumentar los niveles circulantes de irisina, un factor de crecimiento que estimula la producción de nuevas neuronas. En estudios de seguimiento, mejoró la función cognitiva tras accidentes vasculares cerebrales. Un trabajo de 2025 en Brain Research amplía estas observaciones al campo de las enfermedades neurodegenerativas, sugiriendo efectos protectores sobre la barrera hematoencefálica.

El estudio epidemiológico que lo puso todo en perspectiva

Por impresionantes que sean los mecanismos moleculares, la prueba más directa del valor del natto proviene de la epidemiología clásica. En el Estudio de Takayama — un seguimiento de 16 años sobre casi 30.000 adultos japoneses — se encontró que el consumo regular de natto reduce el riesgo de muerte por enfermedad cardíaca en un 43%. El dato más revelador: los mismos investigadores estudiaron el consumo de otros alimentos de soja no fermentados (tofu, leche de soja, edamame) y no encontraron ningún efecto protector equivalente. La diferencia no está en la soja — está en la fermentación, y específicamente en lo que Bacillus subtilis produce durante ella.

Este detalle es crucial y frecuentemente pasado por alto: el natto no es simplemente “soja saludable”. Es un alimento cuya matriz biológica completa — la combinación de natoquinasa, vitamina K2 (menaquinona MK-7), poliglutamato de gamma (un prebiótico), probióticos vivos y proteína vegetal de alta biodisponibilidad — tiene efectos sinérgicos que ninguno de sus componentes aislados replica completamente.

El natto, la vitamina K2 y las arterias que no se calcifican

Existe una segunda razón por la que el natto destaca entre todos los alimentos fermentados de soja, y tiene que ver con la vitamina K. El natto es la fuente alimentaria más concentrada de vitamina K2 en forma de MK-7 (menaquinona-7) que existe en la naturaleza. Una porción de 100 gramos aporta aproximadamente 1.000 microgramos — entre 10 y 20 veces más que cualquier otro alimento.

La vitamina K2 tiene una función que durante décadas fue incomprendida: activa las proteínas que dirigen el calcio hacia los huesos y los dientes, manteniéndolo alejado de las arterias. Sin K2 suficiente, el calcio puede depositarse en las paredes arteriales — un proceso llamado calcificación vascular — contribuyendo a la rigidez y obstrucción que preceden a los infartos.

Un estudio de 2023 en Scientific Reports (Naturaleza) con ratones modificados para desarrollar aterosclerosis acelerada mostró que el natto con alto contenido en K2 reducía significativamente la tinción aórtica por aterosclerosis y modificaba el microbioma intestinal en un sentido cardioprotector — incluyendo un incremento de la propia bacteria Bacillus subtilis en el intestino de los animales.

La combinación que dispara los efectos: natoquinasa + ejercicio

El estudio chino de 2022 con 1.062 participantes reveló un patrón que habla directamente al diseño de estrategias preventivas: entre los sujetos que tomaban la dosis alta de natoquinasa (10.800 FU/día), aquellos que además caminaban más de 5.000 pasos diarios redujeron sus placas ateromatosas un 37,5%, frente al 31% del grupo sedentario con la misma suplementación. No solo se suman los efectos — se potencian.

La explicación fisiológica es coherente: el ejercicio aeróbico aumenta la producción endógena de tPA (activador del plasminógeno tisular) y reduce el PAI-1. La natoquinasa, que también inhibe el PAI-1 y amplifica el sistema del plasminógeno, actúa sobre los mismos nodos de la red. Es como empujar una puerta desde dos lados a la vez.

Lo que se sabe, lo que se sospecha y lo que aún falta probar

La honestidad científica exige separar tres categorías de evidencia, porque mezclarlas — error frecuente tanto en la literatura de divulgación como en la de venta de suplementos — produce expectativas que la ciencia no respalda.

Solidamente establecido: La natoquinasa tiene actividad fibrinolítica demostrada in vitro e in vivo en animales y humanos. Sobrevive la digestión. Reduce la presión arterial en ensayos controlados. A dosis de 10.800 FU/día, reduce placas ateromatosas en personas con aterosclerosis leve y factores de riesgo establecidos.

Prometedor pero preliminar: Los efectos neuroprotectores y sobre la barrera hematoencefálica en enfermedad neurodegenerativa. Los efectos antivirales observados in vitro. La reducción de placas en individuos sanos (el estudio positivo fue en personas con aterosclerosis preexistente).

Importante precaución clínica: La natoquinasa tiene actividad anticoagulante real, no cosmética. Combinada con warfarina, heparina, aspirina u otros antiagregantes, puede potenciar el riesgo de hemorragia. Las personas con trastornos de coagulación o las que toman anticoagulantes no deben usarla sin supervisión médica. La dosis estándar recomendada por la Asociación Japonesa de Natoquinasa es de 2.000 FU/día — equivalente a 50 gramos de natto — para efectos preventivos generales; las dosis terapéuticas utilizadas en los estudios de placas fueron considerablemente más altas.

Un alimento milenario en el menú de la medicina del siglo XXI

En el año 2003, la FDA estadounidense otorgó al nattokinase estatus GRAS (Generally Recognized as Safe). En Japón forma parte de las Guías para la Prevención de Enfermedades Circulatorias desde hace años. En 2010, China y Corea aprobaron productos sanitarios basados en natoquinasa. En 2023, la Asociación Alemana de Microbiología General y Aplicada eligió a Bacillus subtilis — la bacteria que fermenta el natto — “Microbio del Año”, en reconocimiento a sus múltiples aplicaciones en salud, biotecnología y agricultura.

Hoy, en el mercado global, los suplementos de natoquinasa suponen ya más de 1.000 millones de dólares anuales en ventas, con más de 200 estudios revisados por pares publicados desde el descubrimiento de Sumi. La actividad investigadora está acelerando: solo entre 2020 y 2025, el número de patentes relacionadas con natoquinasa registradas en WIPO se ha duplicado.

En la ciudad de Mito, la empresa Mito Natto Seizo Co., Ltd. — fundada en 1929 y aún en funcionamiento — continúa elaborando natto envuelto en paja de arroz exactamente igual que hace novecientos años, cuando un guerrero apurado puso soja hervida en un saco y cambió, sin saberlo, la historia de la nutrición clínica.

La fermentación que comenzó en el lomo de un caballo en plena campaña militar medieval sigue siendo, un milenio después, uno de los mejores argumentos que conocemos para mantener las arterias abiertas, la sangre fluyendo y el cerebro funcionando. Que para conseguirlo baste con desayunar un pequeño envase de frijoles pegajosos es, posiblemente, la mejor noticia de la bioquímica nutricional de los últimos cuarenta años.

Referencias seleccionadas

  • Sumi H. et al. (1987). A novel fibrinolytic enzyme (nattokinase) in the vegetable cheese Natto. Experientia, 43(10), 1110–1111.
  • Nagata C. et al. (2017). Dietary soy and natto intake and cardiovascular disease mortality in Japanese adults: the Takayama study. American Journal of Clinical Nutrition, 105, 426–431.
  • Chen H. et al. (2018). Nattokinase: A promising alternative in prevention and treatment of cardiovascular diseases. Biomarker Insights, 13.
  • Mizutani T. et al. (2021). Inhibitory effect of natto extract on SARS-CoV-2 infection. Biochemical and Biophysical Research Communications, 560, 115–119.
  • Chen H. et al. (2022). Effective management of atherosclerosis progress and hyperlipidemia with nattokinase: a clinical study with 1,062 participants. Frontiers in Cardiovascular Medicine, 9, 964977.
  • Liu M. et al. (2024). Lipid-lowering, antihypertensive, and antithrombotic effects of nattokinase combined with red yeast rice in patients with stable coronary artery disease. Frontiers in Nutrition, 11.
  • Yang X. et al. (2025). Nattokinase’s Neuroprotective Mechanisms in Ischemic Stroke. Antioxidants & Redox Signaling, 42(4–6), 228–248.

Descubre mas: